viernes, 7 de junio de 2013

EL CARRETE DE BERNA

Ahora sólo sé expresarme observando. Sígueme en:
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lunes, 4 de marzo de 2013

Por primera vez



     Otro día más regresaba a casa sumergida en esa rutina donde hasta los pensamientos parecían convertirse en algo mecánico: Ahora llegaré a casa, haré la comida... Por cierto, ¿hoy qué hago? Bueno, quizá pollo con almendras y un poco de arroz... ¡Qué cansada estoy y encima con este frío, qué hartazgo! Voy a tirar ya el pitillo que se me está quedando la mano helada, una calada y ya está... Mientras se metía la mano en el bolsillo del abrigo, de repente, un olor interrumpió su conversación consigo misma y la trasladó a su infancia y a su adolescencia, a un lugar donde únicamente habitaba la distracción, el placer y la alegría. Por un momento sintió que se dirigía a por el pan que tantas veces le encomendaba su abuela: Tráete cuatro barras de pan, pero ve al Mateo. Siempre tardaba más de lo previsto, pues por el camino se topaba con muchos paisanos no sólo de sus abuelos, sino también de sus padres, quienes allí vivieron hasta que comenzaron sus carreras universitarias: Hombre, maja, ya estás por aquí, ¿cuándo has venido? ¿Habéis venido a pasar el puente o qué? 


     Ese olor le hizo creer que iba en bicicleta por las callejuelas de ese pueblo tan especial, parecía recorrer sus rincones uno por uno: La 'callelastiendas', los Adarves, la Alameda, San Francisco, la Pza. Mayor, la Soledad, la Costanilla de Santa Clara... Sin poder evitarlo, unas lagrimillas inundaban una memoria repleta de instantes felices. Comenzó a darse cuenta de que su pueblo había supuesto en ella no únicamente el mayor de sus aprendizajes, no, sino que también resultaba haber sido el lugar donde supo conocerse a sí misma de forma libre: de pequeña, con su prima, ella se convertía en tendera tras la barbacana de al lado de casa, se sentía responsable yendo sola a por chucherías a la Barata o a la Socorro con los veinte duros de paga que le solían dar sus tíos; superaba los miedos absurdos bañándose en un río de agua terriblemente fría y una orilla llena de mosquitos y tábanos que la ponían tibia de abones; creía, al tiempo que dejaba de hacerlo, en monstruos y dragones al bañarse en una laguna preciosa y enorme; y se sentía un poco más importante al ir a tomar el vermut con su familia al Casino o La Granja.

     Pasada la niñez, se percató de que las amistades que había gestado, eran tan sólidas que, tras los años y en la distancia, bastaba una sola mirada para comunicarse. El lenguaje del cariño y de la complicidad permanecía intacto y colmado de momentos irrepetibles, pero inolvidables: el primer cigarrillo clandestino en la Torre de Aragón, el primer calimocho, el primer beso, la primera peña, la primera verbena hasta las tantas en ferias, la primera conciencia de verdadera satisfacción a la vez que de morbo de lo prohibido, pero también de lo correcto.

     Quedando tan atrás todo aquello, todavía hoy, cuando ella regresa a su pueblo, siente hacer todo por primera vez.


domingo, 3 de marzo de 2013

Caminando






Te llevo en mi cabeza
como los años que despeinan
el cabello en el que tantas veces
se me ha enredado la vida,
ésa que, pendiente de sus garras
y sujeta a sus palabras,
aborrecemos, aunque, tan amantísima,
constantemente me arrebata.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Disimulando





He roto el espejo
para poder contemplar
a un espíritu sin aliento
que no cesa de llorar.

Me escondo cuando te miro.
 Me miras y yo sonrío,
disfrazo mi ahogo
con rostro artificial.


lunes, 28 de enero de 2013

A través de ti

Dedicado al bendito destino


      Todos los días cargaba a sus espaldas una mochila llena de una extraña melancolía que, cada noche, se acuciaba con la llegada de ese instante de absoluta incertidumbre y soledad calmado únicamente con la somnolencia nocturna. Ese momento constituía un consuelo deshabitado donde ella imaginaba lo que, en realidad, no existía. Antes de dormirse, soñaba con el amor que siempre le faltaba y hasta con los hijos que no tenía. 

      De camino a la universidad, después de una noche con sobresaltos y desvelos, ensimismada con el traqueteo del vagón del metro, seguía soñando. Dibujaba en su mente a un hombre que la hiciese reír a carcajadas, de esas tan largas que sólo la incontinencia urinaria es capaz de frenar, fantaseaba con una persona que le dedicase constantemente palabras sinceras de cariño, bonitas y puras, más hermosas todavía convirtiéndolas de vez en cuando en versos. Sólo esperaba conocer a alguien que comprendiese la familia que tenía, que incluso escuchase la historieta más cargante y aburrida; alguien que pudiese aplacar su  mal despertar e irritación mañanera solamente con un abrazo, acompañado, eso sí, con el "te quiero" susurrado más melódico del mundo. 

      Aunque únicamente fuese la imaginación quien evocase tal utopía, a ella ya parecía pertenecerle alguien que fuese capaz de calmarle hasta las lágrimas más turbias, alguien que colmase la hastiada rutina con la pasión más loca, con infinitos besos y caricias; era alguien que por fin haría de su vida una desenfrenada cordura.

      Encontraba en esa fantasía su felicidad. 

      Y ahora su felicidad ya no es ninguna fantasía.

miércoles, 23 de enero de 2013

El mundo necesita un bombardeo de franqueza y ternura.

Fotografía: Sara Facio ©

jueves, 17 de enero de 2013

Pero contigo





Cuando hasta un buen jamón te resulta insípido y, aún así, lo engulles.

Cuando en un aeropuerto un perdón es un error porque aquí sólo se entiende "Entschuldigung".

Cuando coges un taxi e intentas ocupar tu tristeza con una conversación forzada.

Cuando las lágrimas ni brotan.

Cuando salir a la calle te acorrala.

Cuando ni un libro mata el tiempo porque es el tiempo quien te mata.

Cuando aceptas la distancia como un destino.

Pero cuando estoy contigo...